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lunes, 11 de febrero de 2013

Tienes amigos en lugares muy extraños

Os he llamado amigos… Vosotros no me elegisteis a mí; más bien, yo os elegí a vosotros. Juan 15:1516

Dondequiera que Elena miraba, veía dos tipos de chicos. Había un núcleo pequeño, exclusivo, popular. Y después estaban todos los demás, un montón de perdedores patéticos.
Elena sabía que quería ser parte del núcleo exclusivo, y evitar ser vista jamás con alguien del grupo de excluidos. Tenía miedo de contagiarse de lo patético de los perdedores o de lo que fuera que los hacía perdedores. O que alguien sacara una foto de ella con una barra de perdedores. Elena estaba decidida a evitar a todos los perdedores… y pusilánimes… y debiluchos… y bobos… y asegurarse de que nada arruinara nunca su fama de perfecta excelencia.
Sería maravilloso si los cristianos nunca pensaran en las consecuencias de ser amigos de gente que otros rechazan. Pero con frecuencia nos preocupa que los demás nos desprecien si nos hacemos amigos de los que el grupo exclusivo desprecia. Quizá uno de tus mayores temores es de que te vean con gente marginada.
Creélo o no, Jesús luchó contra la enorme presión de andar con el núcleo exclusivo. Siendo un maestro judío, se suponía que sólo tenía que ser visto en compañía de otros maestros y de gente realmente religiosa.
Un grupo llamado los fariseos estableció reglas especialmente duras acerca de la gente apropiada y la gente inapropiada con quien asociarse. Pero Jesús arrasó con el código de ellos. Comió con los cobradores de impuestos. Tocó a un leproso. Le habló a una mujer samaritana, una prohibición doble porque era extranjera y también mujer. Llegó a conocer todo tipo de gente del grupo de los despreciados. Como resultado, Jesús fue llamado “amigo de publicanos y de pecadores” (Lucas 7:34).
Pero Jesús no le hizo caso al menosprecio de los fariseos. Al final de cuentas, muchos de sus amigos más fieles eran del grupo de los despreciados. Mateo, un aborrecido cobrador de impuestos, fue uno de sus 12 apóstoles. Y María Magdalena, una mujer a quien Jesús había librado de siete demonios, fue una de las pocas que no lo abandonaron durante la crucifixión.
Amar a todos como Dios ordena significa brindar nuestra amistad a los que quizá no son aceptados por los demás. Significa brindar nuestra amistad del modo que Jesús nos brindó la suya. Al final de cuentas, Jesús nos escogió para ser sus amigos; y en realidad no somos perfectos, ¿no es cierto?

PARA DIALOGAR: ¿Qué te costaría ser como Jesús al mostrar tu amistad a personas fuera de tu grupo actual? ¿Cuáles serían las posibles recompensas, para ti y para otros?
PARA ORAR: Pídele a Dios que te ayude a brindar tu amistad a alguien que la necesita, sin importar a qué grupo pertenece.
PARA HACER: Programa una ocasión para juntarte con alguien que por lo general evitas.


viernes, 11 de enero de 2013

Ahora soy tu papá

Lectura bíblica: Romanos 8:14–17
Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Romanos 8:14
Amanda nunca había conocido a su papá. Éste había abandonado a su mamá antes de nacer ella.
La vida con mamá era requetebuena, y por muchos años Amanda no se preocupó porque no tenía papá. Después apareció Mauricio. Empezó a cortejar a la mamá de Amanda cuando Amanda tenía 12 años. Ahora tenía 14, y la pareja se había casado hacía dos meses. Amanda quería a Mauricio como si fuera el padre que nunca tuvo. Siempre había creído que sería demasiado pedirle a Dios un papá, pero Dios se lo había dado. Y Mauricio era increíble. Era bueno, divertido y muy consagrado a Dios.
Aun así, un oscuro temor persistía en un rincón del cerebro de Amanda. Estaba preocupada de que un día también Mauricio la abandonaría. ¿Por qué no? Su verdadero papá lo había hecho. No había nada que obligara a Mauricio a asumir las responsabilidades del padre de Amanda. Podía dejarla cuando quisiera, y ella no podía hacer nada para impedirlo.
Un día Mauricio y la mamá de Amanda la llevaron a cenar y le contaron algo que habían decidido aun antes de contraer matrimonio. Le dijeron que era importante para ellos que Mauricio adoptara legalmente a Amanda. Pensar en esta posibilidad la aterrorizaba y al mismo tiempo la emocionaba. Si él realmente lo hacía, sería legalmente su padre. Por fin tendría un papá de verdad. Pero, ¿qué si él se echaba atrás?
Día tras día Amanda esperaba la noticia de que hubieran finalizado los trámites de la adopción. Un día llegó de la escuela a casa y vio el auto de Mauricio frente a la casa, más temprano que de costumbre. Cuando entró, la esperaban Mauricio y mamá. Mauricio se puso de pie y dijo:
—Hoy llegaron los documentos de adopción, Amanda.
Los ojos se le llenaron de lágrimas al agregar:
—Ahora soy tu papá.
Amanda se le abalanzó para darle un enorme abrazo:
—Gracias por elegirme a mí —dijo en medio de sus propias lágrimas—. Gracias, gracias… papá.
Mauricio había tomado un paso único para demostrar su cariño por Amanda y su deseo de ser su padre, oficializando su relación por medio de la adopción. Cuando Dios nos hace sus hijos, hace lo mismo. Nos adopta. Hace que nuestra relación en su familia sea permanente. Somos sus hijos e hijas para siempre.
Si has aceptado a Jesús como tu Salvador, eres parte de la familia de Dios. Nunca te tienes que preocupar de tu relación con tu Padre celestial. Él nunca te abandonará. Los trámites de los documentos de adopción han finalizado. Él es tu Papá.

PARA DIALOGAR: ¿Cómo te sientes al saber que Dios te ha adoptado permanentemente como parte de su familia?
PARA ORAR: Gracias por escogernos para ser tus hijos, Señor. Gracias por adoptarnos. Gracias porque nunca me abandonarás.
PARA HACER: Cuéntale a un amigo lo magnífico que es ser adoptado como parte de la familia de Dios.

jueves, 10 de enero de 2013

Por fin soy libre

Vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu Romanos 8:5–9

Alrika no había creído los rumores de que la gente era secuestrada de sus chozas y llevada a un país desconocido hasta que le sucedió a ella. Encadenada durante meses en lo que parecía como un calabozo dentro del casco de un barco, la jovencita temía que moriría en la esclavitud. Después de sufrir años de crueldad y trabajo forzado, el ejército del Norte de los Estados Unidos tomó la población donde vivía. Ahora un oficial con uniforme azul está de pie frente a ella.
—Ya no estás bajo el control de tu amo —le dice—. Eres libre.
Tema para comentar: ¿Cómo me sentiría si fuera un chico o chica en esclavitud y de pronto fuera puesto en libertad?
No llegaste a tu país encadenado en el casco de un barco negrero, pero quizá sí has estudiado lo que es eso.
Pero todos nosotros, dice la Biblia, hemos vivido un tipo distinto de esclavitud. Nacimos esclavos del pecado. Todos estamos atrapados en el mal del cual no podemos escapar por nuestra propia cuenta. La única manera de poder lograr la libertad es pedirle a Jesús que nos ayude y nos perdone.
Puede ser difícil creer que somos esclavos del pecado. Pero aquí tienes una manera de estar seguro de ello: ¿Has notado alguna vez que es más fácil hacer lo malo que hacer lo bueno? Cuando tus padres encuentran algo roto en la sala, por lo general parece más fácil mentir y decir que no lo rompiste que decir la verdad y admitir que lo hiciste. Es más fácil elegir lo malo porque somos esclavos del pecado.
Pero la gran noticia en Romanos 8 es que Jesús ha cambiado todo eso. Cuando confiamos en él, fuimos liberados de la esclavitud del pecado. Por el poder del Espíritu Santo de Dios que vive en nosotros, ya no tenemos que pecar. Sí, pecaremos de cuando en cuando. Todavía seremos tentados a hacer lo malo. , pecaremos debido a nuestra debilidad. Pero no tenemos que pecar. Podemos elegir que el Espíritu Santo sea el que nos controle —el Espíritu de Dios que vive dentro de nosotros— en lugar de ser controlados por el pecado. Somos libres.
El pecado es más que una mala costumbre. No podemos librarnos de él haciendo una resolución de Año Nuevo. El pecado es una enfermedad que no podemos curar por nuestra propia cuenta.
Dios conocía la solución perfecta a nuestro problema. Necesitábamos un Salvador (Jesús) que muriera por nosotros y un Ayudador (el Espíritu Santo) que viviera dentro de nosotros. Gracias a Dios somos libres del pecado. ¿Sientes agradecimiento por ello?

PARA DIALOGAR: ¿Qué significa ser controlado por el Espíritu Santo? ¿Cómo es tu vida distinta porque el Espíritu Santo está obrando en ti?
PARA ORAR: Señor Jesús, moriste para liberarnos del pecado. Queremos la libertad que das en cada aspecto de nuestra vida.
PARA HACER: Aprende más acerca de lo que significaba para los esclavos ser puestos en libertad. Busca libros sobre la esclavitud en la biblioteca pública.